La dejaron a morir en una jaula sucia, pero ahora tiene una vida perfecta

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El día 2 de noviembre, la división de Crueldad Animal del Departamento Policial de Austin, Texas, recibió un reporte sobre un perro muerto dentro de una jaula en una intersección cerca del centro de Austin. Cuando los oficiales llegaron a la escena, encontraron lo que parecía ser una perra muerta en una jaula repleta de heces.

La perrita estaba gravemente desnutrida, sus costillas y sus huesos sobresalían en su piel. Mientras realizaban la inspección del cuerpo, la oficial Ewa Wagner notó que la cavidad torácica de la perrita se movía.

“Nos dimos cuenta de que estaba viva y necesitaba ayuda urgente, así que la llevamos de emergencia al Centro Animal de Austin, donde los veterinarios comenzaron el tratamiento de inmediato”, explicó la oficial Wagner. “Su temperatura corporal era tan baja que el temómetro no la registraba, tampoco podía moverse. Jamás pensamos que podría sobrevivir”.

Sophie, de una edad estimada de un año, pesaba alrededor de 4 kilos cuando la encontraron. Elizabeth Mancera, técnico veterinario, recuerda el momento en el que conoció a Sophie.

“Los detectives la trajeron y la describieron como una perra que estaba al borde de la muerte. De inmediato la acostamos en la mesa para examinarla; estaba cubierta de heces, helada y empapada. Le hablé durante todo el proceso y aunque no podía mover su cuerpo, miraba hacia arriba con ojos de súplica mientras yo le repetía que todo iba a estar bien”.

Durante las próximas horas, y supervisada por un veterinario de la perrera, Elizabeth cuidó a Sophie para salvar su vida. Después de prepararle un baño caliente, usaron un secador a temperatura moderada para elevar su temperatura corporal. Después de casi dos horas, funcionó: su temperatura estaba camino a normalizarse.

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“Todos creíamos que iba a morir”, confesó Elizabeth. “Durante las primeras horas, solo le hablaba y le repetía que la amábamos y que nunca más le pasaría nada malo. Le dije que necesitaba un nombre y que ese nombre sería Sophie. Cuando le dije su nombre, levantó la cabeza por primera vez y me miró. Fue entonces cuando supe que Sophie iba a vivir”.

Esa noche, Elizabeth supo que podría llevar a Sophie a casa temporalmente. Al principio, Sophie debía recibir cuidados a toda hora, así como usar pañales porque no podía caminar ni levantarse. Después de la primera noche, durante la que solo pudo dormir, Sophie empezó a volver a la vida lentamente. Al cuarto día, intentó caminar. Estaba muy débil, así que se caía con facilidad, pero Elizabeth nunca se separó de su lado.

El departamento de crueldad animal escribió un comunicado que describía el rescate de Sophie y las condiciones en las que fue hallada, además de ofrecer una recompensa de $5.000 por información que facilitara el arresto de la persona responsable de su abandono y desnutrición.

A medida que pasaron las semanas, Sophie siguió sanando y aprendiendo qué se siente vivir como una mascota amada. Vivía con Elizabeth y su familia, y caminaba un par de pasos más cada día, desarrollando la fuerza para trotar por la casa eventualmente. También subió de peso lentamente, primero 6,3 kg; luego 9 y por último su peso normal, 11,3 kg. Esto es casi el triple de lo que pesaba cuando fue rescatada.

Elizabeth recuerda el momento en el que supo que se quedaría con Sophie de manera permanente. “Pasó cerca del día de Acción de Gracias. Yo solo la veía jugar con mi otro perro. Se veía muy feliz y se notaba una conexión especial entre ellos. Después de todo lo que Sophie y yo pasamos juntas, sabía que terminaría quedándome con ella. Me agaché para besarla y hacerle saber que mi casa sería su hogar por siempre”.

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La semana pasada, Elizabeth y su familia adoptaron oficialmente a Sophie y la convirtieron en la consentida de la familia. Durante el día, suele volver al refugio o acompañar a los oficiales del departamento de crueldad animal cuando visitan a la comunidad para enseñarles a prevenir el maltrato. En cuanto a Elizabeth, siente que ayudar a Sophie ha sido bueno para ambas.

“Aún es duro ver las fotografías de cuando la encontramos. Me rompe el corazón saber que sufría tanto y nadie la ayudaba. Salvar a Sophie ha sido muy importante para mí. Sufro de ansiedad y el solo hecho de estar con ella me calma y mejora mi humor”.

Elizabeth nos cuenta que Sophie ama pasear en el auto y visitar a sus amigos en el refugio animal.

“El día que rescaté a Sophie le prometí que jamás le volvería a pasar algo malo, y ahora tengo la oportunidad de cumplir mi promesa cada día de mi vida”.

Esta navidad, Sophie despertará rodeada de su familia, las personas y los animales que la aman. También tendrá regalos bajo el árbol de navidad. Para Sophie, el pasado lleno de maltrato y hambre será reemplazado por un presente de calor, amor y seguridad.

“Nunca le faltará una comida nuevamente y jamás sufrirá de frío”, asegura Elizabeth. “De eso estoy segura”.

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